Los poetas somos como los superhéroes, y no porque podamos volar ni porque luchemos por la injusticia o porque tengamos ciertos poderes, no. Los poetas somos como los superhéroes porque, por lo general. ambos tenemos 2 trabajos./////Poema de Peru Saizprez, el Madrilimeño que conocí en el EACC y que nos hizo pasar a todos un gran rato./////
miércoles, 27 de enero de 2010
El evento Toba
No es el relato definitivo y aún podría colocarle 1000 palabras más. Pero me ha gustado ese efecto final del último párrafo. Además me da un poco de miedo fastidiarla si explico demasiado. Como diría mi abuela: "¿Me se entiende asín?"
Por favor, dadme vuestra opinión.
EL EVENTO TOBA
El planeta entero estaba ocupado en los preparativos de la celebración del 65000 aniversario de Toba. La actividad en Ombligo del Mundo era frenética y sus calles bullían de gente. La Gran Capital se levantaba entre siete colinas y constituía el centro religioso y político de toda la civilización humana. Desde esa península en forma de bota el profeta anunció la venida de un nuevo tiempo 65 milenios atrás y de allí partieron los colonizadores en busca de la morada del Dios volcán. Y aunque pasarían decenios antes de que los primeros hombres pisaran sus laderas calcinadas y lavaran sus pies en el lago Toba que lo circunda, los regalos del dios llegaron pronto. El más valioso de ellos fue el subhombre. Actualmente en Ombligo del Mundo vivían tres de ellos por cada hombre verdadero. Los subhombres cultivaban la tierra ayudados por los arados que tiraban los perros. También cuidaban conjuntamente de los rebaños y los más dóciles ayudaban en las tareas domésticas. No eran esclavos, como los enemigos vencidos, sino más bien niños que nunca alcanzaban la madurez. A pesar de eso no dejaban de reproducirse y en algunas ocasiones su superpoblación había causado hambrunas y problemas de abastecimiento.
A Colmillo de León no se le pudo ocurrir un día menos apropiado para presentar su tesis. Para el joven estudiante de Teología aquel era un día tan bueno como cualquier otro. Desde que podía recordar, su mente nunca estuvo centrada en lo que era importante. Ni el clan ni la caza le interesaban. Ni siquiera Toba, el Dios volcán de las Antípodas que con su llamada había animado al hombre a buscar la tierra prometida, a salir del norte congelado y colonizar la Tierra. Aún no era consciente de ello pero con su exposición estaba a punto de inaugurar un nuevo tiempo.
La antropología era una disciplina tan antigua como el dios Toba y la religión que lo acompañaba. En realidad no había tal distinción, pues la Teología abarcaba todas las ramas de saber, incluida la que se ocupaba del estudio del hombre. Pero hasta entonces los teólogos nunca se habían preocupado de los subhombres y ni siquiera había un nombre que ponerle a ese campo de estudio. La creencia popular mantenía que simplemente aparecieron al mismo tiempo que el Dios volcán. Las leyendas cuentan que al principio eran solo un puñado. Que surgían de entre las cenizas que Toba esparció por toda la zona tropical del planeta. Hijos del Dios volcán, buscaban ansiosos un amo que los protegiera. A cambio servirían a los hombres utilizando los conocimientos que Toba les regaló con su nacimiento. A partir de este cuello de botella se fueron multiplicando bajo el paraguas del hombre hasta llegar a superarlo en una proporción de tres a uno. El hombre por su parte lo adoptó como la más amada de sus mascotas.
No puedo esperar ni un día más, pensaba para sí Colmillo de León. No después de lo que he descubierto. Lo que llevaba en la bolsa iba a revolucionar su mundo pero él no lo sabía. En sus viajes al soleado continente del sur había estudiado a los primates y sus descubrimientos lo habían impresionado. Nunca había sido supersticioso, pero el reciente maremoto en el mar de Toba no solo había segado las vidas de miles de lugareños. El ambiente estaba muy crispado y una revelación como aquella podía ser tomada por una herejía. Tendría que andar con cuidado, pero el entusiasmo se impuso sobre la prudencia.
El cráneo no era especialmente relevante, pero sí los instrumentos líticos que lo acompañaban. Aquel era un “Homo faber” más antiguo que los subhombres de Toba, pero morfológicamente idéntico. Era la prueba irrefutable de que el subhombre no era un regalo que Toba le había hecho al hombre. Más bien Toba era la excusa que su especie había utilizado para esclavizarlo desde hacía 65000 años. Las revelaciones no acababan ahí. Aquellas herramientas eran mucho más avanzadas que las de sus coetáneos. Y habían sido elaboradas a miles de kilómetros de distancia cuando aún no se había producido el primer contacto.
-Tonterías… -respondió su director de tesis- Los subhombres son significativamente inferiores al hombre verdadero.
-No siempre fue así –trató de defenderse Colmillo de León-. Llevan miles de años sometidos a la selección artificial. Actualmente son solo una sombra de lo que llegaron a ser.
-Mira hijo –su maestro adoptó el acostumbrado tono paternalista que lo desquiciaba-. Solo un puñado de subhombres son capaces de leer. Y solo excepcionalmente hay alguno que aprende a escribir. Sin la ayuda del profeta, habrían muerto de hambre y sed en las mismísimas laderas del Dios volcán.
-Pero es que este cráneo nunca salió del continente soleado –Colmillo de León no pudo evitar alzar la voz-. ¿Es que no lo entiende? Este subhombre vivió cientos de años antes del evento Toba…
-Tenga cuidado… -el rostro del director se ensombreció y sus gruesas y protuberantes cejas se espesaron aún más- Está usted coqueteando con una herejía.
-No es una herejía. Es la verdad. Toba no es más que un volcán… Una montaña de fuego como cualquier otra. Sin embargo este cráneo… -sujetó con ternura aquella calavera de rasgos suaves pero inquietantemente humana- es un hecho.
-No puedo aceptar su trabajo sin consultar antes con los colegas de departamento –la enorme nariz del director dejó escapar un bufido-. Pero créame. Si sus afirmaciones son ciertas, puede estar seguro de que contará con nuestro apoyo.
La única copia de su manuscrito y todas las pruebas fósiles que había logrado reunir permanecieron bajo la custodia del Instituto. Esa tarde volvió a su apartamento. Agotado por la tensión del momento Colmillo de León no tardó en caer en un sueño profundo. Su asistente, uno de los pocos subhombres que podía leer y escribir, lo cubrió con una fina manta. Lo había ayudado a terminar a tiempo la copia que entregó al director y en el proceso hizo algo más que reproducir los pensamientos de su amo.
***
Un año después, cuando los últimos restos de Colmillo de León aún humeaban en el patíbulo, miles de copias de su obra circulaban clandestinamente por las calles de Ombligo del Mundo. Los subhombres se las leían los unos a los otros, socavando de este modo los cimientos de la civilización que había condenado a la hoguera a su primer científico. Su estudio basado en los hechos se convirtió para ellos en una religión de liberación. Ya no eran esclavos ni niños. Su lectura los había revelado como lo que realmente eran: hombres sabios, homo sapiens.
jueves, 24 de diciembre de 2009
La realidad está sobrevalorada.
...y la Navidad es un asco, podríamos añadir.
viernes, 4 de diciembre de 2009
Cefeidas

Esta es la web de la editorial:
http://www.mandragora.es/index.php
Podéis comprarlo vía mail. Basta con teclear en el buscador "Cefeidas Mandragora".
También lo venden en la FNAC
Hacía mucho tiempo que no sentía ese cosquilleo maternal del autor que contempla a su hijo a la cara por primera vez. Tantos meses en vientre de uno... En mi primera época de escritor tuve experiencias parecidas, solo que ahora las disfruto con la tranquilidad propia de la madurez. Además, el hecho de alejarme del realismo y utilizar seudónimo me evita la recreación de muchos traumas. Por lo que el parto ya no es una cuestión agridulce.
En Cefeidas comparto escena con otros 12 autores. Qué pequeño se siente uno al lado de tantos grandes del género... Mi contribución, "El Eslabón perdido", corresponde al prólogo de mi primera novela de CiFi: "Azul y Luna", todavía inédita. En estos momentos estoy totalmente sumergido en la composición de mi segunda novela. Originariamente Azul y Luna tenía dos prólogos. El primero, "Historia de NeBulus" se ha hecho mayor y se ha independizado. A partir de él ha surgido una gran aventura de piratas del espacio... Supongo que en el plazo de 12 meses tendré terminado el primer borrador. Ojalá algún editor se anime de una vez a publicar Azul y Luna, pues lo que estoy escribiendo ahora es su continuación. En resumen: una novela negra para comenzar la saga y una aventura espacial para continuarla.
Volviendo a Cefeidas, este es el plantel:
• JOSÉ VICENTE ORTUÑO & HERNÁN DOMÍNGUEZ NIMO - EL JALEO
• JOSEP MARTIN BROWN - EL ESLABÓN PERDIDO
• ANTONIO J. CEBRIÁN - ALIMENTO DESHIDRATADO GOLDRUM
• ÓSCAR CUEVAS VERA - LOS ÁNGELES CELESTES
• CLAUDIA DE BELLA - PLANETAS DE PAPEL
• ERNESTO FERNÁNDEZ GONZÁLEZ - MERCENARIO
• RAMÓN MUÑOZ - HACIA EL SURVILLIÓN
• JUAN PABLO NOROÑA - HERMANO CÓSMICO
• NANIM REKACZ - LOS MIGRANTES
• YOSS - TRABAJADORA SOCIAL
• TRANSCRIPCCIÓN LITERAL - JORDI BONET
• MUÑECAS RUSAS - SERGIO GAUT VEL HARTMAN
Compradlo, leedlo y decidme si merezco tan insigne compañía.
sábado, 21 de noviembre de 2009
Tierra de leyendas VII
Es entretenido y hace gracia.
Y corto.
Espero que os guste.
EL ÚLTIMO HOMBRE
Recuerdo ver, cuando era joven, a los viejos paseando bajo el sol ayudados por sus bastones. Parecía una caravana de condenados a muerte. Ya no hay hombres viejos en la Tierra, si nos olvidamos de mí, claro está.
Las personas –así es cómo les gusta ser llamadas ahora, sólo personas- siguen obsesionadas con la prolongación de la vida, sin embargo nunca han reparado en mí y en el milagro que yo significo. Puedo decir, en la víspera de mi ciento cincuenta cumpleaños, que soy el último hombre vivo que ha hecho el amor con una mujer. En realidad, hace más de una generación que un hombre y una mujer no copulan. Sí, copular. Porque eso es lo que hacen el resto de los animales para reproducirse. A veces pienso que a las personas no les ha gustado nunca el sexo, que sólo lo hacían conmigo por curiosidad. Sin embargo es difícil mantener este prejuicio después de leer la obra de Victoria Kazikowski, “Arqueología del empalamiento”. A las personas les gusta el sexo, pero entendido a la nueva manera.
Mi madre tuvo que pasar por una evaluación psiquiátrica para convencer al comité de natalidad de que su decisión de concebir un hijo varón por métodos tradicionales no era subversiva. Le advirtieron que probablemente su hijo llevaría una vida de soledad y marginación social, y no se equivocaron.
Crecí en un periodo de transición rodeado de mujeres, perdón, de personas, las cuales no tardaron en aventajarme en todos y cada uno de los aspectos de la vida. En realidad, las diferencias entre nosotros no se hicieron evidentes hasta que en octavo curso entré de lleno en la pubertad. Durante ese año mis compañeras de clase tuvieron su primera y última menstruación, mientras que a mí me crecía el pelo por todas partes y mi voz se iba haciendo cada vez más grave. Fue el año más feliz de mi vida. Estaba en la plenitud de la adolescencia y me encontraba rodeado de mujeres jóvenes y llenas de curiosidad. Fue una ilusión maravillosa. Hasta que alguien me consideró una amenaza y acabé mis estudios en el despacho de unos de los últimos profesores.
Casi medio siglo antes de que yo naciese, en la primavera de 2007, se comercializó en los antiguos EEUU el primer anticonceptivo femenino que suprimía la regla. Fue un fracaso total que apunto estuvo de llevar a la bancarrota a una de las compañías farmacéuticas más grandes de la época. Al menos hasta que se descubrieron algunos efectos secundarios inesperados. Al principio el miedo a lo nuevo y los prejuicios hicieron que el anticonceptivo se hiciera con una cuota de mercado ridícula, sin embargo las pocas mujeres que habían apostado por él comenzaron a notar en ellas algunos cambios que sólo podían ser perceptibles a largo plazo. El primer efecto secundario detectado consistía en que el envejecimiento natural de la piel se ralentizaba y, en unos pocos casos, se detenía por completo. Cuando se supo esto la patente del producto había caducado, de tal manera que los pequeños laboratorios pudieron comercializar genéricos que, sin embargo, ya no eran vendidos como medicamentos, sino como productos de estética. Las mujeres jóvenes comenzaron a consumir este supresor de la regla pensando en su cutis, sin embargo las consecuencias del consumo prolongado y sistemático de este inhibidor de la menstruación iban más allá, mucho más allá. Fue en la segunda generación cuando los científicos estuvieron en condiciones de afirmar que habían encontrado el cáliz de la vida eterna. Los supresores de la menstruación, afirmaban, ralentizaban el envejecimiento al revertir en beneficio de la mujer las energías dedicadas a la gestación. Bueno, en realidad no dijeron eso exactamente, simplemente abrumaron a la opinión pública con una marea de datos y fórmulas que muy pocos pudieron entender pero que transmitía claramente el siguiente mensaje: “papas, si queréis que vuestros descendientes vivan mil años, no tengáis hijos varones”.
“Papas…” Ahora ya nadie utiliza términos tan sexistas. Si nos olvidamos de mí, actualmente la raza humana está formada únicamente por mujeres eternamente jóvenes y completamente insatisfechas. Sin embargo la ausencia de varones no significa que no nazcan más niñas. Concebir una niña se ha convertido en algo imposible sin la ayuda de la tecnología, pero esto no quita que el nacimiento de un nuevo ser humano no siga siendo un hecho cotidiano. Hace faltan falta nuevas generaciones porque las mujeres, aunque son eternas, también enferman y mueren a causa de los accidentes.
Ahora, en mi lecho de muerte, mientras evoco la caravana de viejos y viejas que caminaban apoyados en sus bastones, me pregunto por qué a los varones no se nos dio la oportunidad de disfrutar de la eternidad. La mayor parte mis compañeras de estudio siguen vivas y casi no han cambiado en ciento cincuenta años. La razón de esta desigualdad radica en que desde el principio pocos científicos se preocuparon por aplicar los nuevos descubrimientos a la fisiología de los varones. Muy pocos. Aunque hubo algunos bioquímicos, la mayor parte de ellos con hijos varones de corta edad, que durante los primeros años de aquella transición sí se aplicaron en el intento. Pero sin resultados. Las futuras madres, mientras tanto, o no tenían tiempo o no querían arriesgarse a ver cómo su hijo varón envejecía y moría antes que ellas, de tal manera que comenzaron a dar a luz única y exclusivamente a niñas. Excepto gente como mi madre y un puñado de mujeres más.
En realidad no fue tan malo ser varón en un mundo poblado casi exclusivamente por mujeres jóvenes. Nunca me faltó el dinero ni la compañía. Las mujeres de la alta sociedad pagaban mucho por acostarse con alguno de los pocos hombres que conservaban la virilidad. Si pudiera retroceder en el tiempo y corregir algunos errores… El dinero fácil que proviene sólo del atractivo físico tiene fecha de caducidad. Me sentía como un Kent, como un juguete de plástico en manos de mujeres poderosas, pero no era consciente de ello. Sólo cuando la vejez comenzó a amenazarme me di cuenta de lo trágico de mi destino. Pocos años después, mirarme resultaba ya tan repulsivo que casi nadie era capaz de permanecer mucho rato a mi lado. La humanidad había olvidado la belleza solemne de la vejez y las personas, cuando me contemplaban sentado al sol, ya no veían en mí a una proyección de sí mismas en el futuro, porque se sentía asqueadas por lo que consideraban una deformidad. Poco a poco fui quedándome solo. Afortunadamente mi madre aún vivía por aquellas fechas y cuidó de mí como si fuese su abuelo. Fue muy triste para ella. Pero eso no justifica su suicidio.
Desde que se mató estoy totalmente solo. Como esos viejos cuyos seres queridos dejaban abandonados antaño y que sólo se acordaban de ellos a la hora de repartir la herencia. Si no fuera por la gente de la universidad que me descubrió, me habría muerto de hambre y asco. Sé que estas mujeres sólo ven en mí a un sujeto de estudio y que, aunque intenten mostrarse amables conmigo, comparten a mi lado mis últimos días para poder registrar cómo me voy apagando poco a poco. Katrina me ha animado a que escriba mi historia y al hacerlo me he dado cuenta de que éste va a ser mi testamento. No es mucho, pero al menos es suficiente para captar la atención de estas hermosas jóvenes que me atienden. A fin y al cabo era lo que más ansiaban aquellos viejos que paseaban bajo el sol, no ser definitivamente olvidados.
sábado, 14 de noviembre de 2009
Tierra de leyendas VIII
Menudo bajón.
De 53 he quedado el 42, cuando el año pasado quedé el 12 de 72.
A continuación subo el relato que ha sido destrozado por un jurado formado por los propios autores que participaban en el concurso -esta es una de las características que hacen del TDL un concurso único.
Es un relato muy querido que contiene muchas de mis obsesiones. Quizá demasidas.
Os agradecería que me diérais vuestra sincera opinión al respecto.
SEÑOR GUSANO
Estoy muerto y voy camino del paraíso.
Me elevo por el aire dejando atrás mi cuerpo enfermo. Desorientado, al igual que mi tatarabuelo Juan Pablo I cuando partió con un puñado de numerarios a bordo de la nave Camino. Guiados por Dios en busca de la tierra prometida. Puedo escuchar la hermosa voz del Creador hablándole a mi alma. Yo también he dejado la vida atrás y voy al encuentro de los que amo. Mi mujer, mi hijo reclamado por nuestro Señor cuando todavía no había aprendido a caminar... Incapaz, como tantos otros niños muertos, de adaptarse a esta espantosa dieta vegetariana. Fue la voluntad de Dios quien nos guió hasta este planeta desolado. ¡Oh verde Jerusalén donde sólo sobreviven la hierba y un puñado de colonos del Opus Dei! Ojalá hubiéramos traído con nosotros algunos animales de pasto. “Nuestro Señor no quería que volviéramos a probar la carne, por eso nos guió hasta Jerusalén”, decía mi sabio abuelo Juan Pablo III. Supongo que si tampoco era voluntad de Dios que conserváramos el radiotransmisor –pensaba irónico-, no hubiera hecho falta que lo destruyera deliberadamente nuestro primer prelado. “Nuestro Señor no quiere que volvamos a mezclarnos con los paganos, por eso ninguna nave ha venido a visitarnos desde que llegamos a Jerusalén”, decía mi testarudo padre. Eso es cierto. Es un milagro que después de tantos años aún no nos haya invadido una colonia de granjeros. Este planeta podría alimentar a miles de millones de cabezas de ganado...
Los recuerdos de la vida anterior de Juan Pablo V se fundían en su mente con la hermosa voz de Dios. Su alma se había elevado tanto que su cuerpo tumbado boca arriba en la hierba apenas era ya un punto en el océano verde. Sintió el júbilo del creyente cuando vislumbró las doradas puertas del paraíso. Era tal y como lo había imaginado desde niño, cuando en las interminables jornadas de siega mataba el aburrimiento visualizando su propia muerte y ascenso al reino de los cielos. Ahora estaba a punto de disfrutar de la recompensa de toda una vida de sacrificio y oración.
Nada más sus pies tocaron el mullido suelo de nubes comenzó a mirar entorno buscando a su mujer y a su hijo. Estaba convencido de que se habían acercado a las puertas del paraíso para recibirle. Tenían que estar allí porque desde que murieron no había dejado de soñar con ese momento. Una suave brisa levantó el velo de nubes y entonces, al igual que en esa escena tantas y tantas veces imaginada, pudo ver a su mujer llevando a su hijo en brazos. Se acercaban marchando, casi corriendo. En su ensoñación se había visto a sí mismo caminando a su encuentro. Pero en ese instante, paralizado por la felicidad, no fue capaz de moverse.
Cuando abrazó a su mujer rompió a llorar. Miró a su hijo, que aparentaba tener la misma edad que el día de su muerte, solo que no parecía enfermo de disentería, sino saludable. Le extrañó que no hubiera crecido nada en los años que llevaba en el paraíso, pero no tanto como el olor de su mujer. No recordaba cuál era el aroma de su pelo, sin embargo ese suave perfume no le resultaba en absoluto familiar. Pero en ese momento no le dio importancia pues se sentía completamente dichoso.
Los días fueron pasando. Había retomado su vida en el punto en el que la felicidad lo había abandonado. Se percató de que la vida después de la muerte no era mejor de lo que había soñado. Era exactamente igual y eso la hacía perfecta. Porque podía ver crecer a su hijo. No sabía si lo hacía rápido o despacio, pues el tiempo no importaba en el paraíso. Pero estaba seguro de que en el periodo que llevaba allí había cumplido los deseos frustrados de una vida terminada. Sin embargo algo no encajaba del todo. No veía a Dios por ningún lado y su hermosa voz había desaparecido de sus pensamientos tan pronto como se reunió con su familia. Hasta que en un determinado momento recordó que desde la muerte de su hijo no había vuelto a pensar en el Creador. Mientras estuvo vivo había imaginado infinidad de veces cómo era el paraíso en el que se reuniría con su familia, pero nunca se atrevió a hacerse una idea de Dios. Se sintió profundamente culpable al reconocer que el amor hacia su familia le había hecho olvidar a Dios. Y entonces se puso a buscarlo en todos y cada uno de los rincones del paraíso, desesperado porque la búsqueda era infructuosa. ¿Dónde se escondía Dios?
Finalmente su alma se derrumbó ante esta ausencia injustificable y sucumbió a la tristeza. Estaba solo en el paraíso con una familia que comenzaba a difuminarse. A los pocos días se vio rodeado únicamente de nubes, pues también ellos habían desaparecido. Sumido en la más absoluta depresión, dejó incluso de buscar a Dios y se acurrucó en un rincón haciéndose un ovillo. Se durmió, pero ya no soñaba y se dio cuenta de que se aburría. El paraíso soñado tantas veces por Juan Pablo V se parecía cada vez más al infierno verde de Jerusalén. Sólo que aquí el océano de hierba había sido sustituido por un mar de nubes.
Al séptimo día Dios en persona se presentó ante él adoptando la forma de un gigantesco gusano. Su boca se alzaba a seis metros del suelo y a través de la circunferencia de dientes pudo vislumbrar mucha tierra dentro, tanta como la que se necesita para cavar la tumba de un hombre. Aquello no lo había imaginado antes. Y si no se asustó fue porque volvía a escuchar la palabra del Señor que lo tranquilizaba. El Señor Gusano le habló de nuevo directamente al alma. Le contó cómo el Sol que iluminaba la Tierra había sido destruido al poco de partir la nave Camino. Que la raza humana estaba al borde de la extinción y que los que habitaban la superficie de Jerusalén eran los últimos seres humanos del universo…
Jerusalén, el planeta hueco. Las cinco generaciones de seres humanos que han pisado tu superficie le han enseñado mucho a la raza de gusanos telépatas que habita en tu interior. Gracias a ellos saben que no están solos en el universo y que el mundo se extiende más allá de la tóxica capa de hierba. Incluso a través de los metros de roca que los separan, los pensamientos de los humanos son transparentes a la evolucionada colectividad de la mente colmena. A través de los ojos de esos seres de la superficie, su ciega especie pudo vislumbrar por primera vez el universo visible. Y como agradecimiento decidieron hacer a los últimos miembros de la raza humana un sorprendente regalo que, si bien no podía cambiar el triste destino de su especie, podía al menos paliar su pena. En su mente colectiva los gusanos reservaron un espacio para que cada uno de los humanos que fallecía tuviera a partir de entonces un lugar al que ir después de la muerte.
Sin embargo ese paraíso artificial no funcionaba igual en cada uno de los individuos. Casi todos los humanos de la superficie habían sido en vida unos fervientes creyentes en la Trascendencia. Una fuerte convicción, la fe, guiaba sus vidas. Tras la muerte de una persona, la colectividad de la mente colmena escudriñaba todo el contenido de sus pensamientos y generaba una copia que incorporaba a su propio mundo. Aplicaban con los seres humanos el mismo procedimiento que utilizaban con los suyos para conservar la esencia del grupo. Sin embargo pronto se dieron cuenta que las mentes de ambas especies no funcionaban de la misma manera. El inconsciente humano era inabarcable y su reflejo generaba anomalías en la copia, que nunca era exactamente igual que el original. En los casos más extremos, como el que ahora ocupaba a Juan Pablo V y al Señor Gusano, la única solución posible era un borrado total y el reinicio del proceso. Pero para ello era necesario consultar antes con el sujeto, quien no siempre era capaz de aceptar que Dios no existía y que el paraíso era una recreación onírica de la colonia de gusanos.
El Señor Gusano reconocía el carácter extraordinario de su trabajo. Era uno de los pocos autorizados a establecer contacto directo con los humanos. Aún así, le resultaba imposible adivinar cuál sería la reacción de cada sujeto ante la magnitud de tal revelación. De cualquier manera seguía sin comprender cómo una raza tan sumamente limitada por las supersticiones había conseguido construir una nave capaz de abandonar su planeta original. Es más, ningún gusano era capaz de entender qué necesidad tenían de hacerlo ni el porqué de la mayor parte de las preguntas que guiaban sus vidas.
martes, 20 de octubre de 2009
La cigarra y la hormiga
http://www.sedice.com/modules.php?name=Forums&file=viewtopic&t=38782
El reto era escribir un relato inspirado en un cuento clásico.
A mí me ha salido esto:
LA CIGARRA Y LA HORMIGA
Kokio - Josep Martin Brown
El primer encuentro de un ser humano con una civilización extraterrestre se pierde en la memoria de los tiempos, mucho antes de la Edad Oscura. De los cuentos y leyendas surgidos a partir de este primer contacto pueden extraerse un puñado de verdades. Como por ejemplo que los cicaDos eran unos seres despreocupados y hedonistas. Que estaban llenos de alegría y de amor por la vida y que creían en el Destino.
Se han vertido sobre esta extinta raza tantas mentiras, que no podemos fiarnos de los testimonios de sus verdugos. Ni la Enciclopedia Galáctica, ni las recién recuperadas Crónicas de la Guerra de CicaDia hacen justicia a la verdad. Desde el comité de edición de esta recopilación de Cuentos de la Edad Oscura, queremos destacar la relevancia del relato del Capitán Sam Maniego. Suyo es el primer cuento espacial. Y aunque abundan los críticos que afirmarán que este relato es apócrifo, no se nos ocurre mejor manera de empezar esta compilación que con un extracto de las crónicas del primer encuentro extraterrestre.
Los Viajes de Capitán Sam Maniego.
Cap. 2.8.9
De los cicaDos y los forMidas: de cómo los primeros fueron mutilados por los segundos y el destino que les aguardaba a los ingratos forMidas.
¡Qué felices eran los cicaDos en su planeta natal! El sol brillaba alimentando con su luz a las colonias de algas que vivían en las membranas de sus alas. El futuro no les preocupaba, pues mientras su estrella siguiera brillando en el cielo, ningún cicaDo podría morir de hambre. Se pasaban el día cantando canciones y componiendo aforismos sin el más mínimo sentido. La existencia era sencilla y no cabía entre ellos ninguna competencia. Si alguna vez la evolución ha dado lugar a un diseño perfecto, ese era sin duda el exoesqueleto fotosintético de los cicaDos. Durante millones de años fueron la única especie inteligente de su planeta natal. Hasta que aparecieron los forMidas.
El invierno de la alegre existencia de los cicaDos llegó con estos laboriosos y diminutos seres. Durante eones habían corrido entre sus patas recolectando sus excrementos para almacenarlos en las colmenas subterráneas. Una vez allí, las forMidas granjeras lo utilizaban como nutriente para sus cultivos de hongos, de los que se alimentaba todo el forMidero. Vivir a la sombra de las alas verdes de los cicaDos permitió a los forMidas llevar una vida próspera, pues ningún depredador osaba interrumpir el hermoso canto de los gigantes alados. Y mientras la vida extática de los cicaDos continuaba sin apenas cambios -pues estos no eran necesarios-, los forMidas se fueron volviendo cada vez más grandes y más sofisticados. Aumentó su tamaño y también lo hizo su inteligencia. Se volvieron cada vez más disciplinados y activos, hasta el punto que se convencieron de que todo el poder residía en la voluntad.
El primer cicaDo que fue víctima de la voluntad de las forMidas acabó descuartizado, con sus alas convertidas en granjas de algas al aire libre. Las ambiciosas forMidas habían descubierto una nueva fuente de alimento. Poco a poco, de los forMideros fueron surgiendo círculos concéntricos de alas cercenadas. Allí donde se alzaban, desaparecían los rebaños de cicaDos cantores. En la cúspide de su prosperidad, los forMideros y las granjas de algas cubrieron casi toda la superficie del planeta llevando a los cicaDos al borde de la extinción. Sólo unos pocos sobrevivían a duras penas en las tierras emergidas de las ciénagas, donde el suelo era demasiado fangoso para las galerías de los forMidas.
Y entonces, cuando parecía que el intelecto y la voluntad de poder había derrotado al maravilloso diseño de los cicaDos, el Destino, quizá para darle la razón a algunos de sus aforismos, se alió con los gigantes alados. Las granjas subterráneas de los forMideros, sin el suministro constante de excremento de cicaDo, comenzaron a arruinarse. Solo las granjas de algas al aire libre separaban a los forMidas de una terrible hambruna. Los círculos concéntricos de alas de cicaDo fueron sustituidos por sofisticados cultivos en cuadro. Parecía que los forMidas iban a superar otra dura prueba con la sola ayuda de su ingenio y su voluntad. Pero entonces llegaron los depredadores. Y los cicaDos ya no estaban allí para protegerlos con su canto.
Miles de años después los rebaños de cicaDos volvieron a colonizar las tierras altas. De los forMideros solo quedaban ya los túmulos. Y de los forMidas unos pocos aforismos que narraban su destino y que le fueron transmitidos a este viajero…
Capitán Sam Maniego.
De los Viajes de Capitán Sam Maniego.
domingo, 2 de agosto de 2009
La novela
Quizá por ello prefiero escribir con un seudónimo tan ambiguo como el de Josep Martin Brown. Estoy seguro que muchos lectores prefieren nombres anglosajones a la hora de escoger una novela de la estantería.
Mis historias hablan de sentimientos. Sin embargo el marco de la acción no se sitúa en el metro de una gran ciudad española. Especulan con la historia, sin embargo no son leídas con ánimo formativo -estoy seguro que gran parte del éxito de la novela histórica radica en el hecho de que muchos lectores buscan una "lectura de provecho". Y sobre todo son profundamente psicológicas. La gran ventaja de la literatura frente al cine estriba en el uso indiscriminado del "pensamiento directo". Desde la descripción de los pensamientos de un personaje podemos hacernos una idea del paisaje que trasciende lo meramente descriptivo. En este sentido, la gran popularidad de las películas de ciencia ficción no ha sido correspondida con un renacer de la literatura del mismo género. Tal vez porque el espectador se siente deslumbrado por los efectos especiales y olvida la dimensión psicológica del marco.
En mi novela la Tierra ocupa un lugar tan periférico como central. Se establece una doble dimensión narrativa; en el sentido que la tierra es vista "desde dentro" de la psicología de un alienígena, y al mismo tiempo "desde dentro" de los humanos que la habitan. Los fines son los mismos: la crítica social y política. El medio determina la perspectiva y esta es innovadora: la relidad es contemplada desde los pensamientos de alienígenas y humanos.
Pero bueno, las crítcas es mejor dejarlas para los lectores. Así que aquí os anticipo la estructura de mi novela "Azul y Luna".
Azul y luna.
Novela de 110.000 palabras, aproximadamente.
Primer prólogo: Historia de NeBulus.
Segundo prólogo: El eslabón perdido.
Novela: Segundo descubrimiento.
Epílogo: Epílogo.
Los prógolos son historias en sí mismas que complementan la novela y al mismo tiempo son cerradas por esta. El epílogo es la historia puente entre la novela y su continuación.
Espero que el camino que he iniciado no me lleve a un callejón sin salida.
Un abrazo
Josep Martin Brown